Un caso real (lo sé porque es el mío) Comentarios desactivados en Un caso real (lo sé porque es el mío)

No quiero que esto suene a discurso de grupo de apoyo, pero lo cierto y verdad es que me ha cambiado un montón la vida de unos meses a esta parte. Y el riesgo de que suene a comentario de ex algo en un grupo de gente que lo ha dejado proviene del hecho de que, al igual que en el caso de estas personas, existe un punto de inflexión.

Sin ánimo de frivolizar, donde fulanito dice que se bebía hasta el agua del mar, menganito que no podía dejar de oler cualquier cosa que fuera blanca o zutanito que estaba siempre comiendo caramelos de limón, mi antes es muy diferente, menos dramático, si quieres: mi antes era un tiempo en el que yo era calvo.

Ante el aluvión de comentarios indignados y de insultos que he intuido tras comparar mi problema al de quienes sufrían otros infinitamente más graves, diré que cada cual se queja de lo que le duele y si a mí me pica la espalda mientras mi vecino se rompe una pierna, primero me rasco y luego le ayudo.

Entradas grandes, puertas cerradas

Aclarado esto, sigo, o retomo el relato: cuando tenía el cuero cabelludo indecentemente desnudo, he de reconocer que se me cerraban constantemente las puertas por el mero hecho de aparentar más edad de la que tengo. Es más, cuando he tenido trabajo, me he visto obligado a oír como se despreciaba a otros candidatos por no dar una imagen de juventud, pilosos de cuello para arriba y lampiños del pecho a los pies.

Fue una amiga la que, viendo que tenía el cabello descolocado, con más pelos al sur de la nuez que al norte de esta, me dio la idea de cambiar de sitio mis pilosidades. Naturalmente, no se trataba de quitarme pelo de la tipa y taparme con él coronilla, aunque algo de eso había…

Reordenación capilar

La idea era depilarme con láser cuanto vello existiera en lugares no deseados y de trasplantar pelo de la nuca y las sienes a una brillante y extensa calva. De modo que nos pusimos manos a la obra:

La primera parte, la de la depilación, llevaba estudiándola más de cinco años, de modo que no hice más que acercarme a una clínica de confianza y, durante unas cuantas sesiones, dejarme hacer.

Dudas razonables

Era el injerto de cabello lo que me suscitaba más dudas, de modo que decidí informarme y, como en cuestiones en las que interviene una pastilla o un bisturí tengo por norma inquebrantable no recurrir al “Doctor Google”, sino hablar directamente con profesionales o personas que hayan pasado por la experiencia, me lancé a investigar.

En este sentido, me orientó y encaminó mi búsqueda un amigo que hasta hacía unos meses tenía el cráneo tan deforestado como yo. Fue él quien me habló de las diferentes modalidades de injerto capilar, a la vez que me ayudó a reducir las posibilidades a dos: la técnica FUSS y la FUE.

Trasplante pelo a pelo o por áreas

Por abreviar el relato, diré que el método FUSS o STRIP extrae tiras de piel y sutura la zona de donde las ha sacado, dejando que luego la cicatriz (fina, eso sí) se tape con el pelo que la rodea. Estos pelos luego se injertan en la calva. Al sacarse cantidades relativamente grandes de cabellos, el proceso termina antes.

Y, ante la objeción de que de vez en cuando me gusta raparme la cabeza, mi amigo me habló de la técnica FUE, en la que se sacan las unidades foliculares, junto con sus glándulas, vasos sanguíneos… de una en una y como tal se insertan.

Ventajas del sistema FUE

Comoquiera que este segundo método es menos invasivo, casi indoloro y tan discreto que no deja huellas, me decanté por él –repito que mi amigo me habló de algún otro, pero no suelo dejar que experimenten conmigo. Además, él mismo había utilizado la FUE y no le había quedado nada mal-.

Es más: le pedí que me dijera a qué clínica había ido de modo que yo mismo pudiera recurrir a unos profesionales de cuyos resultados tenía, visto lo visto, constancia. Para mi sorpresa, me dijo que me lo enviaría por correo electrónico, que tenía toda la información en el ordenador –no suele sacar el portátil, como otros, a tomarse unas cañas-.

Cambios a mejor

Esa misma tarde, tras abrir mi gestor de correo electrónico, vi un mensaje suyo en el que constaba sólo una dirección web: www.drgriffiths.es. Suficiente. A través de la página recabé cuanta información precisaba y, como las referencias externas también eran fabulosas, me decidí por este centro.

El caso es que desde entonces he encontrado un trabajo en el que me siento más a gusto, gano más y estoy mejor considerado. Puede que no sea gracias a mi pelo, pero sí que lo es por haber ganado una buena dosis de autoestima… A lo que también ha ayudado que aquella amiga mía sea ahora mi novia.

Pero esa es otra historia…